No encuentro las palabras exactas para describir como me siento. Porque no encuentro nada en mí, que no tenga que ver con vos y no encuentro nada acá, que tenga que ver conmigo.
Me pierdo, me busco y me olvido.
… hasta que me encuentro. Vacía, rechazada, olvidada, ilusa, ingenua, oculta.
¿Cuántas veces voy a pasar por las mismas cosas?
De mañana no quiero despertar y a la noche simplemente quiero desaparecer entre la oscuridad para siempre, romperme en mil pedazos como un plato que cae al suelo por descuido. Secarme como una rosa especial, olvidada dentro de una obra clásica de Shakespeare o esparcirme como tintes multicolores en un blanco lienzo que busca desesperadamente cambiar su apariencia insulsa.
Mutar. Desenmascararme por fin y sacarme de una vez la piel que me cubre el cuerpo. Porque ya no me soporto. Ser otra persona en un mundo diferente.
Soy coleccionista de mi misma, porque elijo no abrirme. Me siento una botella de vino añejo que teme ser descorchada y perder el valor que guardó tras los años. Pero se siente sucia, poco merecedora e insignificante. Vacía sobre todas las cosas, a pesar de estar llena. Desea lo que no es. Ser consumida, demostrar lo que vale. ¿Quién justifica su gusto por simple exposición?
Si es tan exquisito ¿Cómo puede estar en aquel estante mientras pasan los años? Si es tan importante ¿Por qué está allí juntando polvo en el rincón olvidado?
La mejor cosecha según quienes saben. ¿Y lo que no?
Un poco cliché, un tiempo – dijiste.
O no. En realidad no escuché. En mi mente se repetía una imagen. Una sola y realmente no la recuerdo tanto, como para describirla. Pero entonces, todo esto no tendría sentido alguno y para que el lector se dé cuenta de lo horrible que era aquella falsa ilusión, voy a empezar por decir lo que me llevó a pensar como única cosa: BASTA. Por favor, basta. (y no lo digo por decir.) Cerré los ojos en busca de algo más tranquilizador, pero fue peor. Una eterna oscuridad vacía que se acercaba desde el infinito empezó a hacerse presente. Así que decidí volverlos a abrir. Era demasiado tarde
Fue ahí cuando me di cuenta que era lo que aquella imagen me había llevado a sentir. Cosas como nauseas, mareos, palpitaciones y no pasó mucho tiempo que la irrigación de mis dedos comenzó a descender drásticamente. Al menos a mi me pareció eso porque empezaron a hormiguearme desesperadamente las yemas. Así que los moví, rápido. Un, dos, tres. Un, dos, tres. Un… dos… El hormigueo seguía, pero se vio sumamente aplacado por algo un poco peor.
Las piernas comenzaron a temblarme sin ningún sentido, el suelo se me partía a la mitad y si no buscaba un apoyo con rapidez, caería al fondo de la tierra. Lo sabía. Y nadie me encontraría. Nunca. Porque el agujero se cerraría atrás de mí.
Mi palidez o el gesto de asco -no me animé a preguntarte- te habrá avisado sobre mi malestar tanto psíquico como físico porque vos me agarraste y me sentaste a la fuerza. Casi como si yo te importara. Me alegré por un segundo. Y después seguiste hablando.
Te extraño. Decime te extraño. Decime te amo. Decime. Decime te necesito Decime no puedo dejar de pensar en vos.
Decime que soy lo que más queres. Decime.
Decime como antes.
Escribime. Escribime mil párrafos.
Escribime tu historia.
Escribime nuestra historia. Escribime el futuro.
Escribme la piel. Escribime aunque nada tenga sentido. Escribime porque te espero. Escribime porque te extraño.
Abrazame. Abrazame otra vez. Abrazame si tengo frío. Abrazame si tengo miedo. Abrazame en la calle, abrazame cuando tiemblo. Abrazame cuando estoy sola. Abrazame.
Cuando no te encuentro, buscame. Buscame si estas solo. Buscame sin intención. Buscame en la noche. Buscame en el cosmos.
Buscame.
Y de pronto las palabras se volvieron escépticas, nihilistas, carentes de sentido.
Me habían llenado el vacío interior que tu ausencia representaba. Me había envuelto en frases sin terminar que sabía que jamás llegarían a su meta, no de esta manera.
Te creí con mis ojos negros llenos de inocencia, grandes, expectantes, pero increíblemente bien cerrados.
Ella ya no llora, porque se le han secado las lágrimas de tanto ahogar el llanto en su almohada.
Ella ya no ríe, porque ha olvidado como ver los motivos aunque estén frente suyo.
Ella ya no duerme, porque se mantiene en vilo ahora que se cree muy lista al decir que “soñar no vale la pena”
Ella ya no ve, porque no ha hecho más que cegarse en su mundo de fantasía.
Ella ya no grita, porque él ya no la escucha.
Ella ya no vive, porque lo único que anhela es la muerte.
Ella ya no siente, porque tiene miedo de perderse de nuevo, otra vez.
En un intento desesperado por no parecer una obsesiva psicótica con los planes de su vida sutilmente insinuados, escapé. Escapé de todos, pero principalmente de mí… y de vos.
Jamás supe cuando se cruza la delgada línea del interés sano por alguien y la obsesión compulsiva por el mismo, sin embargo un día cualquiera como cualquier otro, me encontré mirando al techo y con la cabeza dando vueltas a un único sujeto. De nuevo vos.
Con una rapidez inmediata que no logré comprender te colaste, no sólo en mis pensamientos; también en mis sueños, en los rostros de las personas desconocidas, en los objetos que te identifican y los que no, en las canciones que jamás escribí para nadie y, finalmente, te dejé enviciarme con palabras idóneas y espeluznantemente perfectas.
No miento al decir que mis nefastas noches de soledad se veían iluminadas por un único e idiota centellear de ponzoñosa esperanza: dormirme y mágicamente despertar a tu lado. Sin embargo, aquello evocaba dentro mío una angustia escondida de forma excelente… ¿Para qué mentirme?
Simplemente no veía justo el hecho de sentirte extremadamente cerca y tenerte kilométricamente apartado. Me parecía completamente irónico que la única persona que sentía junto a mí estuviese tan lejos. Consecuentemente, esto despertaba otro tipo tormento…
Sabía que en algún momento me olvidarías. Hay una canción cuyo autor ahora no recuerdo que dice “si te digo que la distancia hace el olvido no me crees” Nosotros ya teníamos la distancia. Sólo nos faltaba el olvido.
Y era cuestión de tiempo.
Jamás he sido una persona que se caracterice por tener paciencia y no iba a soportar que fueras vos el que me olvidase primero, así que deje de hablarte.
Dejé de contestar tus cartas.
Dejé de contestar tus llamados.
Dejé de contestar tus mensajes.
Dejé de hablar con tus amigos.
Dejé de nombrarte.
Dejé escaparte
Y finalmente, me olvidaste.
