martes, 3 de febrero de 2009 by ~likeadisaster

HOY

Se despertó sobresaltada sintiendo un enorme vacío en su pecho. Aunque cambió de posición cuantas veces pudo el dolor no cesaba y el llanto no se hacia presente. Sabía, de hecho estaba más que segura, que ese malestar pasaría una vez que el grito ahogado de suplicio saliera hacia afuera pero eso no sucedía.
Como ella, que llevaba cuarenta y cinco días de encierro. Y de desconsuelo unos tantos mas. Cualquier persona se preguntara por qué alguien no la sacaba de ese estado, por qué nadie la ayudaba. El problema es que estaba sola.
Los había alejado a todos. Se había encerrado en su burbuja, que ahora parecía mas impenetrable que nunca, aunque en el centro, muy en el centro, soñaba con que alguien la destruyera, la hiciera salir al mundo, le enseñara que no todo era gris y que también había colores. Necesitaba ver que vivir también valía la pena.
Pero eran las cinco de la mañana, se encontraba en su mono ambiente con la heladera vacía y el único contacto con el exterior era el ruido de la lluvia que caía sobre la chapa de la casa conjunta a su apartamento. Se abrazó con fuerza a la almohada y cerró los ojos con más presión aún. Quería seguir soñando, quería imaginarse que no todo lo que estaba sucediendo era cierto, quería otra realidad. Quería ser feliz. ¿Y qué es la felicidad en un mundo donde todo es gris? ¿Qué hay de placentero en el lugar aquel, donde lo único que había eran guerras y engaños, ambición y destrucción?
Se mordió el labio hasta hacerse sangre, deseando que así, tal vez, las lágrimas brotasen de una vez por sus mejillas y el llanto que tanto esperaba se haga realidad. Pero no pasó nada, lo único que sintió fue el gusto a óxido que la sangre dejó sobre su boca.
Y entonces, lo decidió. Lo había estado pensando hacia solo dos días, pero aun así todas los argumentos eran lo bastante convincentes como para llevar acabo su idea. No dejaría nada atrás porque ya no le quedaba nada, no iba a lamentarse jamas de su acto, de eso estaba segura.
Sin más, se duchó, se vistió con sus mejores ropas, se peinó como siempre había querido, se pintó y una vez que terminó de arreglarse se miró al espejo.
-Hoy. - dijo en un susurro que nunca nadie llegaría a escuchar y sin pensarlo dos veces, se fue. Abandono aquel mono ambiente gris y toxico para dejar de soñar y salir. Ya no le quedaba nada que perder.

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