En un intento desesperado por no parecer una obsesiva psicótica con los planes de su vida sutilmente insinuados, escapé. Escapé de todos, pero principalmente de mí… y de vos.
Jamás supe cuando se cruza la delgada línea del interés sano por alguien y la obsesión compulsiva por el mismo, sin embargo un día cualquiera como cualquier otro, me encontré mirando al techo y con la cabeza dando vueltas a un único sujeto. De nuevo vos.
Con una rapidez inmediata que no logré comprender te colaste, no sólo en mis pensamientos; también en mis sueños, en los rostros de las personas desconocidas, en los objetos que te identifican y los que no, en las canciones que jamás escribí para nadie y, finalmente, te dejé enviciarme con palabras idóneas y espeluznantemente perfectas.
No miento al decir que mis nefastas noches de soledad se veían iluminadas por un único e idiota centellear de ponzoñosa esperanza: dormirme y mágicamente despertar a tu lado. Sin embargo, aquello evocaba dentro mío una angustia escondida de forma excelente… ¿Para qué mentirme?
Simplemente no veía justo el hecho de sentirte extremadamente cerca y tenerte kilométricamente apartado. Me parecía completamente irónico que la única persona que sentía junto a mí estuviese tan lejos. Consecuentemente, esto despertaba otro tipo tormento…
Sabía que en algún momento me olvidarías. Hay una canción cuyo autor ahora no recuerdo que dice “si te digo que la distancia hace el olvido no me crees” Nosotros ya teníamos la distancia. Sólo nos faltaba el olvido.
Y era cuestión de tiempo.
Jamás he sido una persona que se caracterice por tener paciencia y no iba a soportar que fueras vos el que me olvidase primero, así que deje de hablarte.
Dejé de contestar tus cartas.
Dejé de contestar tus llamados.
Dejé de contestar tus mensajes.
Dejé de hablar con tus amigos.
Dejé de nombrarte.
Dejé escaparte
Y finalmente, me olvidaste.
Whitney Houston Lover For Life
Hace 13 años

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